Serie que comienza en el 2010, trabajadas desde la libertad y el automatismo que permiten plasmar el estado del subconsciente en el papel. Es el azar  quien rompe la tensión  inicial ante el papel en blanco, el azar es la aguja que pincha el globo de agua y permite que la obra fluya sin un plan previo. Esa primera gota de color marca el camino a la acuarela, reflejando el momento preciso, del estado mental y emocional que queda transferido al trazo y fijado al papel. Como un test e Rochard personaizado en los dibujos aparecen el orden y el caos, la indeterminación y la certidumbre, la belleza y el horror.  Inspirado en el sumi-e oriental cada trazo es el rastro de una danza irrepetible sobre el papel.